
Danzar la Vida: Cuando el movimiento se vuelve medicina
Arnaldo Serna
En mi artículo anterior (https://arnaldoserna.com/acaba-tiempo/) les hablaba de esa urgencia que nace cuando sentimos que la arena en el reloj cae más rápido de lo esperado. Hoy, quiero contarles qué hice con ese tiempo y, sobre todo, qué hice con mi cuerpo cuando el diagnóstico de cáncer intentó convertirlo en un territorio de guerra y miedo.
Descubrí la Biodanza. Y no, no se trata solo de bailar. Se trata de recuperar la soberanía de nuestra propia biología a través de la vivencia. Agradezco profundamente a @Welken Biodanza Lima y a la maravillosa tribu que se ha formado en torno al maestro Julio Boglione.
El cuerpo no miente: La ciencia detrás del movimiento
A veces pensamos que la sanación es solo química externa, pero olvidamos la farmacia interna que poseemos. La Psiconeuroinmunología nos explica que el estrés crónico y el miedo elevan el cortisol, una hormona que, en exceso, «apaga» nuestras defensas.
Cuando danzamos con sentido, ocurre un milagro biológico:
- Activamos el sistema inmunológico: Al reducir el cortisol y generar estados de placer, estimulamos la producción de linfocitos y células Natural Killer, nuestras guerreras internas contra el tumor.
- Hablamos con el cerebro emocional: La música y el movimiento llegan directo al sistema límbico. Ahí, donde las palabras no alcanzan a llegar para explicar el dolor, la danza entra y desata los nudos.
Morir para nacer: Mi camino de renacimiento
Mi danza no ha sido un camino lineal de alegría, sino un proceso de entrega profunda. En septiembre de 2023, dos años después de haber sido dado de alta, la vida me puso a prueba nuevamente: el Linfoma de Hodgkin había regresado. Un crecimiento del timo detectado a tiempo y un análisis fino con el PET scan confirmaron la recurrencia.
Este diagnóstico marcó el camino hacia el trasplante de médula ósea, un proceso que viví como un auténtico «morir para nacer». El 30 de julio de 2024 fue mi fecha de renacimiento. En este caminar, mi fe cristiana ha sido el ancla y la brújula. Así como el grano de trigo tiene que morir para dar fruto, mi propia médula ósea tuvo que morir para ser restaurada. Hoy, ese fruto es estar aquí, al servicio de quienes transitan este mismo sendero.
De la rigidez del miedo a la fluidez del perdón
Tras un trasplante, el cuerpo puede sentirse extraño, casi ajeno. El miedo nos congela los hombros y el alma. La Biodanza me enseñó a fluir nuevamente en esa nueva vida.
Científicamente, la fluidez mejora la circulación linfática y la flexibilidad, pero existencialmente, nos permite trabajar heridas que el intelecto suele esconder:
- El perdón a uno mismo: Danzar es una forma de decirle a este nuevo cuerpo: «Te acepto, te honro y te cuido».
- Soltar la frustración: Cada movimiento expansivo es una oración corporal que libera la rabia y la culpa.
- Habitar el presente: En la danza no hay recaídas ni pasado; solo hay un pie que toca el suelo y un corazón que late, agradecido, aquí y ahora.
«Si la enfermedad es un silencio forzado del cuerpo, la Biodanza es la recuperación de nuestra propia melodía.»
El placer como nutriente biológico
Aprendí que no se trata de «luchar» contra el cáncer como si fuera un enemigo externo, sino de invitar a la vida a que sea más fuerte a través del goce de estar vivos. No solo moví mis músculos; moví mis miedos, mis culpas y, finalmente, moví mi sistema inmunológico hacia la salud.
La neurociencia lo confirma: el placer no es un lujo, es un nutriente esencial para la recuperación. Si el tiempo se acaba, que nos encuentre danzando. Que nos encuentre renaciendo en cada paso.
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